200 años en el Museo del Prado

Desde que el Museo Real se abrió el 19 de noviembre de 1819 con fondos procedentes de las colecciones reales, esta institución se ha convertido en uno de los principales depositarios de la memoria pictórica occidental, en punto de referencia fundamental de la cultura española. Doscientos años después de su fundación, el Museo del Prado reflexiona sobre todo ello y lo comparte con sus visitantes en un formato expositivo que durante casi cuatro meses convertirá dos de sus salas en un centro de interpretación de su desarrollo e importancia histórica.

El recorrido cronológico se articula en ocho etapas a través de las que se muestra cómo la institución ha desarrollado una personalidad propia, que a su vez ha sido reflejo del devenir histórico del país. Entre los temas tratados destaca, por su relevancia artística, el de la importancia que ha tenido el museo como espacio de reflexión e inspiración para sucesivas generaciones de artistas nacionales e internacionales, que se encuentra representado con obras de Renoir, Manet, Chase, Sargent, Arikha o Pollock, entre los artistas foráneos, y de Rosales, Saura y, muy singularmente, Picasso, entre los nacionales.

Velázquez y sus bufones: Bufón con Libro

Velázquez
Bufón con libro (Museo Nacional de El Prado)

Se pensó que este cuadro era el que figuraba en los inventarios del Alcázar de 1666, 1668 y 1701, aunque algunos detalles no encajaban. En otro inventario de 1701 de la Torre de la Parada, pabellón de caza que se encontraba a las afueras de Madrid, se menciona un retrato de un enano con un libro abierto. Además, en el paisaje de fondo se aprecian las formas de La Maliciosa, una característica montaña de la Sierra del Guadarrama que Velázquez ya incluyó en otros retratos pintados para la Torre de la Parada.

El «Primo»

 

El enano de grave expresión y negra vestimenta que Diego de Velázquez retrató con un libro en las manos casi más grande que él no es Diego de Acedo «El Primo«, como se ha creído desde hace más de un siglo, sino un «Bufón con libros» de nombre desconocido. El rostro del famoso «Primo» de la corte de Felipe IV se corresponde con otro viejo conocido de la pinacoteca madrileña, que tradicionalmente se había identificado con Sebastián de Morra.

Adiós a Eduardo Arroyo

El pintor crítico ante las dictaduras, tanto las políticas como las artísticas, le empujó a iniciativas controvertidas. Optó por la pintura figurativa en unos años de aplastante dominio de la pintura abstracta en París, y sus primeros temas recordaban a la “España negra” en clave cáustica y nada romántica. De un uso matérico del color, Arroyo pasaría a una técnica más propia del «pop art», de colorido vivo y pincelada más lisa.

Su primer impacto público se produjo  al presentar en la III Bienal de París el políptico Los cuatro dictadores, una serie de efigies de dicytadores, que provocó las protestas del gobierno español. En 1963 preparó una muestra en la galería Biosca de Madrid, que se inauguraría sin su presencia, ya que debió huir a Francia perseguido por la policía; la exposición se censuró y cerró a los pocos días.

Arroyo ridiculiza y “reinterpreta” los tópicos españoles con toques surrealistas. Cuenta  con presencia en muchos importantes centros de arte mundiales como el Museo Reina Sofía, Museo de Bellas Artes de Bilbao, IVAM de Valencia, el MACBA de Barcelona y otros internacionales. Entre sus muchos reconocimientos figuran el Premio Nacional de Artes Plásticas y la Medalla de Oro al Mérito de Bellas Artes. Era caballero de las Artes y de las Letras por el Gobierno francés y recibió el premio de la Fundación Simone y Cino del Duca-Instituto de Francia.

Realizó escenografías para teatro y ópera, como ‘Off limits’, de Adamov (1969 y 1972); ‘Wozzeck’, de Alan Berg (1971); ‘En la jungla de las ciudades’ y de Brech (1973), entre otras.

Nos ha dejado a los 81 años. DEP

Tintoretto: reconciliación con Venecia

Por iniciativa de la National Gallery of Art de Washington, son tres las grandes exhibiciones que se le dedicarán a Tintoretto.

La primera consta de setenta pinturas y dibujos y que acoge el Palazzo Ducale veneciano; segunda en la Morgan Library de Nueva York que abrirá otra dedicada a sus prácticas sobre papel, y la última en llegar será la que la National Gallery brindará a cuarenta de sus grabados, que se acompañarán, para contextualizar, de trabajos de Parmigianino y Giuseppe Scolari.

Este último museo será escenario de las tres: todas estas exhibiciones podrán contemplarse allí a partir del 3 de marzo de 2019, dando la oportunidad al público estadounidense de conocer numerosas obras del artista que nunca han viajado a ese país.

Entre los museos que han cedido obra para la ocasión se encuentra el Prado, que ha prestado cinco piezas muy destacadas, entre ellas José y la esposa de Putifar (alrededor de 1555), Judith y Holofernes (1552- 1555) y El rapto de Elena (1578- 1579), de más de tres metros de largo. Desde el Kunsthistorisches Museum vienés llega su fascinante Susana y los viejos (1555-1556), y del Staatliche Museen de Berlín, el retrato de Giovanni Mocenigo (1580).

Abren y cierran esta antología dos autorretratos emblemáticos del artista, realizados al inicio y al final de su carrera y procedentes del Museo de Arte de Filadelfia y del Louvre.

Tintoretto 1519-1594 Pallazo Ducale San Marco, 1 Venecia

Del 7 septiembre  de 2018 al 6 de enero de 2019

Renoir robado por los nazis devuelto

La pintura, ‘Deux Femmes Dans Un Jardin‘, pintada en 1919 por Pierre Auguste Renoir, fue robada por los nazis de la bóveda de un banco en París en 1941.

Fue robado a Alfred Weinberger, un coleccionista de arte prominente en la preguerra de París, y el miércoles fue devuelto a su última heredera, su nieta Sylvie Sulitzer.

El Renoir resurgió después de la guerra en una venta de arte en Johannesburgo, Sudáfrica, en 1975. Posteriormente llegó a Londres, donde se vendió nuevamente en 1977, y luego apareció en una venta en Zurich, Suiza, en 1999.

Finalmente, la pintura terminó en Christie’s Gallery en Nueva York, donde fue subastada por un coleccionista privado en 2013.